Cómo surge OMYGOD

OMYGOD nació de una necesidad real
en casa.            

La idea vino de mi hija mayor Olivia.
Tenía 5 años y pasaba las noches con miedos. Un día me pidió algo que me dejó impactada:

“Mamá, si tuviera un peluche de la Virgen María me abrazaría a Ella y no os
despertaría….”

Pensé que ésto solo podía venir de
Dios.

Y empezamos a dibujarla, a crearla,
con lo que Olivia nos iba sugiriendo. Tenía que ser muy dulce y muy bella y nos
tenía que dar amor, alegría y paz. Nos ha llevado casi tres años tenerla, no ha
sido fácil pero ¡teníamos que hacerla!

Desde que mis niñas tienen a María,
duermen tan tranquilas.                         
Si algún dÍa se levantan y vienen con miedo, les decimos que la Virgen
está con ellas y se vuelven a la cama totalmente confiadas.

Se la llevan también al cole, al
parque, al médico, de viaje….A todos lados van con Ella.

A los mayores es una ternura verles
abrazados a la Virgencita.

A los enfermos les consuela que
esté a su lado.

¿Cuál es nuestra misión?

En OMYGOD queremos que los niños descubran la fe de una forma bonita y cercana. Creemos que también se puede aprender a confiar en Dios desde lo cotidiano: un abrazo antes de dormir, un momento de calma, la sensación de que alguien los cuida.

Por eso creamos peluches que acompañan y dan seguridad, inspirados en el amor de María y la luz de Jesús. Queremos estar presentes en esas noches en las que aparece un miedo o una pesadilla, y ayudar a las familias a transmitir la fe con sencillez, sin grandes palabras, solo con cariño.

Nuestra misión es ofrecer a los más pequeños un peluche que les recuerde que nunca están solos y que siempre pueden confiar. Una forma sencilla y tierna de acercarles a Dios desde sus primeros sueños.

¿Por qué transmitir la fe a los niños?

Se sienten incondicionalmente amados

Saber que Dios les quiere les hace sentir valiosos y únicos, formando poco a poco personas más libres y capaces de amar.

Duermen tranquilos y seguros

La fe actúa como un abrazo invisible que devuelve la calma, haciendo que las pesadillas ya no asusten tanto al tener a quién pedir protección.

Nunca están solos

Sienten que una presencia cercana les acompaña siempre, dándoles una fuerza interior en el colegio, en la oscuridad o en los días difíciles.

Aprenden a confiar y a perdonar

Viven la fe como una relación natural que les da esperanza ante la confusión y les enseña a perdonar a los demás al sentirse ellos mismos perdonados.

Descubren una alegría profunda

Experimentan una paz interior y una felicidad que brota desde dentro, les hace brillar y no dependen de cosas materiales.

Crecen con valores auténticos

Aprenden a ser buenos y a compartir de forma natural, no porque sea una lección o una obligación, sino porque lo sienten en el corazón.

"Ahí tienes a tu madre"

Juan 19:27